La labor del rescate de la memoria o el acto de reconstruir los fragmentos de lo que ha caído en el olvido, de lo que casi está a punto de perderse, en un sitio como Cuba, se antoja un trabajo muy complejo. En el ámbito literario, encontrar materiales (sean libros, revistas, la papelería de algún escritor, sus diarios o notas) desperdigados u ocultos en medio del caos que vive el país requiere de mucho esfuerzo, pero también, y no en menor medida, de mucha suerte. Incluso las instituciones dedicadas a la conservación no tienen los medios para invertir en conservar lo que tienen, por ejemplo la Biblioteca Nacional o el Instituto Cubano de Cine, víctimas también de la desidia que vive la nación.

Cubierta de la Revista Azoteas, no. 1, 2001.

Cubierta de la Revista Azoteas, no. 1, 2001.

El haber recibido una beca por parte de Cultura Democrática para rescatar y hacer la edición facsímil de una de las revistas más interesantes de la literatura cubana del joven siglo XXI, es un gesto que se agradece. La revista Azoteas, completamente manufacturada y con una tirada de 150 ejemplares, fue, de cierta manera, “la voz” del proyecto Torre de Letras que dirigió durante varios años en La Habana la escritora cubana Reina María Rodriguez.

En ella se publicaron a escritores, como Lorenzo García Vega, que aún hoy permanecen casi desconocidos en la isla. Además, y no menos importante, se le dio suma importancia a algo que a Torre de Letras le interesó sobremanera, y con justa razón: que los escritores y poetas cubanos tradujeran zonas de la literatura universal que eran prácticamente desconocidas en el ámbito literario cubano, pero que no solo se interesaran en el acto de traducción en sí, sino también en “pensar” la traducción.

Cubierta de la Revista Azoteas, no. 2, 2002.

Cubierta de la Revista Azoteas, no. 2, 2002.

Este compromiso con establecer un “pensamiento de la literatura” hizo que el catálogo de las traducciones y publicaciones hechas bajo el sello editorial Torre de Letras haya sido muchísimo más interesante que el de casi todos los catálogos de todas las editoriales cubanas juntas.

Enumerar aquí a esos autores sería una lista que abrumaría al lector, y para tener una idea solo mencionemos los casos de los poetas alemanes Heinrich Heine y Ernst Jandl hechas por Francisco Díaz Solar; de los franceses Edmond Jabès, Henri Michaux, Michel Deguy o Jean Baudrillard, hechas por Jorge Miralles; la antología Cetrería. Once poetas brasileños, hecha por Ricardo Alberto Perez; del inglés los Cantos de inocencia y Cantos de experiencia, de William Blake, traducidos por Susana Haug y Jesús David Curbelo, y Bueno y sin prisa, de William Carlos Williams, traducido por Jonathan Skinner y Omar Pérez. Breve lista en un catálogo editorial que pasa la treintena de libros. 

Cubierta de la Revista Azoteas, no. 4, 2004.

Cubierta de la Revista Azoteas, no. 4, 2004.

II

Durante muchos años fue Torre de Letras el espacio más interesante en cuanto a la discusión y análisis de la literatura. Para un escritor en aquellos tiempos, dar una lectura en Torre de Letras no era solo leer ante otros colegas escritores de un alto nivel crítico, era también y por este nivel crítico, pararse ante “un pelotón de fusilamiento” en el mejor sentido posible, ya que ofrecería al invitado un amplio debate sobre su lectura. Esto daba a Torre de Letras un rigor poco visto en los ámbitos literarios complacientes cubanos. 

Interior del espacio Torre de Letras en el Instituto Cubano del Libro,antiguo Palacio del Segundo Cabo. Foto cortesía de Gonzalo

Interior del espacio Torre de Letras en el Instituto Cubano del Libro, antiguo Palacio del Segundo Cabo. Foto cortesía de Gonzalo

Tal vez por todo esto la lista de poetas, escritores, traductores, académicos, críticos, músicos, artistas, cineastas y músicos, cubanos y extranjeros, que por Torre de Letras pasaron es demasiado amplia. En la edición crítica que pensamos hacer se pretende, esperando no olvidar a algunos, dar fe de este amplio espectro de intelectuales que por allí pasaron. 

Vista desde una de las ventanas del espacio Torre de Letras. Fotocortesía de Gonzalo

Vista desde una de las ventanas del espacio Torre de Letras. Foto cortesía de Gonzalo

Creemos que es de agradecer la posibilidad de hacer una edición facsímil de la revista Azoteas, y ya ha entusiasmado a muchos amigos poetas y escritores. Que un proyecto como Cultura Democrática se preocupe por rescatar parte del patrimonio cultural cubano de la hecatombe que por décadas ha caracterizado a la desidia que habita al país es un gesto amable para con un sitio que casi carece de ellos.

Antiguo Palacio del Segundo Cabo. En el último piso se encontrabaTorre de Letras. Foto cortesía de Gonzalo

Antiguo Palacio del Segundo Cabo. En el último piso se encontraba Torre de Letras. Foto cortesía de Gonzalo