El Ciervo Encantado transformó un archivo familiar rescatado de la basura de La Habana en una instalación interactiva que se volvió memoria compartida. En medio de la precariedad, reunir a una comunidad en torno a esa historia es, en la Cuba de hoy, un gesto excepcional.

Alguien tiró a la basura la memoria de una familia entera. Álbumes, fotografías, documentos: décadas de una vida cubana registrada minuciosamente, a parar a un basurero de La Habana. Que ese archivo no se perdiera, y que en cambio se convirtiera en el corazón de una experiencia colectiva, es lo que propone La Familia Cubana / Del basurero al hogar, una instalación interactiva de El Ciervo Encantado. Porque lo que empezó siendo la historia de unos desconocidos terminó siendo, por su magnitud y por lo que revela, la historia de todos: La Familia de todos.

El proyecto —coordinado por Mariela Brito Hernández, con Nelda Castillo como asesora de montaje artístico y Katherine Perzant como asistente de curaduría— parte de un archivo tan extenso y valioso que excede lo íntimo. Esos álbumes reconstruyen una vida familiar cubana a lo largo del tiempo, y al mirarlos cualquier espectador se reconoce: los mismos rituales, los mismos rostros, la misma sensación de que muchos ya no están. La pieza convierte ese hallazgo en un espejo de la nación, donde la historia de una familia dispersa cuenta también la historia de una isla que se ha ido quedando sola.

No es la primera vez que El Ciervo Encantado trabaja con este material. El mismo archivo dio origen a la performance La célula fundamental (2023), y este proyecto lo lleva ahora al formato de instalación interactiva, invitando al público no solo a mirar, sino a entrar en la memoria y aportar la propia.

La pieza se montó en un espacio dignificador y privado, en el corazón de un edificio multifamiliar de La Habana Vieja. El detalle no es menor. El Ciervo Encantado, fundado en 1996 por Nelda Castillo, es una de las compañías más rigurosas e influyentes del teatro cubano contemporáneo, reconocida por un teatro documental que investiga la cubanidad desde sus realidades ocultas. A comienzos de 2026, el grupo anunció públicamente su desvinculación de las instituciones culturales del Estado, dejando atrás su sede histórica para no seguir sometiendo su obra a los mecanismos de aprobación y censura oficiales.

En ese marco, llevar el arte a un edificio de vecinos, a un espacio íntimo y comunitario, es mucho más que una decisión de producción: es una forma de sostener la creación libre por fuera de la institucionalidad, y de devolverle al arte su lugar natural, en medio de la gente.

Unas 45 personas participaron de la experiencia. En condiciones normales podría parecer una cifra modesta; en la Cuba de hoy, marcada por la precariedad extrema, los apagones y el éxodo, reunir a un grupo considerable en torno a una actividad cultural es, sin exageración, algo excepcional. Y no fue un público pasivo. A la instalación se sumaron no solo artistas e interesados en el tema, sino vecinos y miembros de la comunidad del lugar, que se acercaron con genuino interés y se involucraron con una emotiva comunión, intercambiando sus propias experiencias con la memoria familiar, la pérdida y la separación. Ese es, quizás, el resultado más profundo del proyecto: que un archivo descartado se volviera un punto de encuentro; que extraños se reconocieran en una historia ajena y, al hacerlo, la convirtieran en propia.

Memoria como resistencia

La Familia Cubana / Del basurero al hogar demuestra que la cultura, incluso —y sobre todo— en contextos de máxima adversidad, sigue siendo capaz de crear comunidad y abrir espacios de expresión libre. Rescatar del basurero la memoria de una familia y devolverla dignificada al centro de un hogar colectivo es una manera de decir que ninguna vida cubana merece ser desechada, y que la memoria compartida es también una forma de resistencia.

Podés seguir el proyecto y ver registros de la experiencia en las redes de El Ciervo Encantado: