Jorge Adalberto Núñez Hernández, nació en Pinar del Río en 1975, es microbiólogo, un laico comprometido, escritor y dicta talleres de formación cívica siguiendo los valores de José Martí y Jacques Maritain. Es miembro del Instituto Jacques Maritain de Cuba. Es autor de “Jacques Maritain y el humanismo cristiano para Cuba”, autor de un capítulo del libro ‘Valores humanistas para Cuba democrática’ y de numerosos artículos en revistas como Vitral, Convivencia y colaborador de Vida Cristiana.

MHD: Eres un microbiólogo, laico comprometido, escritor, dictas talleres de formación cívica, ¿Cuándo y cómo has iniciado este camino de compromiso ciudadano?

JN: Es difícil establecer un momento preciso. Comencé a visitar la Iglesia Católica cuando estaba terminando el preuniversitario. Justo en ese tiempo comencé a pensar en la política con un poco de detenimiento. Mi fe y mi formación política, por tanto, comenzaron a crecer unidas, y mi sentimiento patriótico se forjó muy enraizado en la fe. En aquel período, el laico Dagoberto Valdés fue mi catequista, le debo mucho de mi formación. Mi primer artículo lo publiqué en la revista Vitral y fui animador del Centro de Formación Cívico Religiosa. Fue una etapa que el grupo de jóvenes de mi comunidad vivió con entusiasmo, en una atmósfera de compromiso que también se extendió al ámbito cultural, y que recordamos con nostalgia y gratitud.

MHD: Has escrito un libro sobre José Ignacio Rasco fundador del Instituto Jacques Maritain de Cuba (IJMC), en 1982 en Miami y del Partido Demócrata Cristiano de Cuba en 1990 ¿Lo conociste personalmente? ¿Qué nos puedes contar de él? ¿Qué valores rescatarías de sus enseñanzas?

JN: Nunca conocí en persona a José Ignacio Rasco, pero sí supe sobre él, y él de mí. Creo recordar que alrededor del año 2007 leí por primera vez el Humanismo Integral, de Jacques Maritain. Fue toda una revelación, porque a través de sus libros conocí también la obra de Santo Tomás de Aquino, y todo el fascinante mundo del diálogo de la fe y la razón. El filósofo francés, con su amplia y profunda obra escrita, me ayudó a organizar el pensamiento. En el 2008 supe de la existencia del Instituto Jacques Maritain de Cuba, formado por laicos cubanos en el exilio y me hicieron miembro del mismo. La escritora e intelectual cubana Uva de Aragón fue quien más cercana estuvo, y fue gracias a ella que conocí sobre Rasco, que era el presidente del Instituto. Gracias al apoyo del Instituto Jacques Maritain de Cuba pude asistir a una jornada del Instituto Jacques Maritain de Argentina en el 2008 y a un congreso de la Asociación Española de Personalismo en Madrid en el año 2010. Lamenté no haber tenido la oportunidad de conocer personalmente a Rasco, pero al menos sí conocí a varios de sus amigos cercanos como la misma Uva de Aragón, Pedro Guerra (uno de los Plantados) y Angel Correa. Por todo lo que he leído sobre él y los testimonios de sus amigos cercanos, José Ignacio Rasco encarna al político honesto, comprometido con el destino de su país desde una convicción cristiana profunda y una sólida formación intelectual. La inspiración cristiana del compromiso político en Cuba se remonta al Padre Varela y la formación de nuestro sentimiento nacional. Rasco nos comunica con esas raíces, pero también con Maritain él encontró un fundamento filosófico y teológico para su compromiso, encarnado en el presente, pero también en lo mejor de la historia del pensamiento de la Iglesia. En un hombre como Rasco todo confluye: lo cubano y lo universal, los valores trascendentales y el compromiso con su tiempo, la fe y la cultura, nuestra historia y el proyecto de nación que deseamos crear. Las raíces más profundas de la democracia están unidas al cristianismo, es algo que defendió Maritain y que Rasco también convirtió en parte de la esencia de su compromiso. Creo que José Ignacio Rasco es una verdadera inspiración para el compromiso político, tanto por su sólida formación, como por la coherencia de su vida.

MHD. Has sido citado ya en varias oportunidades por la policía política, ¿Podrías mencionarnos cuándo, y cómo fue el interrogatorio?

JN: Me han citado en tres ocasiones. La última de ellas ocurrió el pasado sábado 14 de marzo, en la tarde. Fue una citación verbal, y me la hicieron apenas con un par de horas de anticipación. Aun así decidí asistir a la Estación de la Policía. El motivo, mis publicaciones y mis ideas políticas. Me mostraron capturas de pantalla de varias de mis publicaciones en Facebook y me dicen que puedo estar incurriendo en la violación de varias leyes. Según ellos, aunque yo no llamo directamente a la violencia, otras personas pueden inspirarse en mis escritos para proyectarse con violencia. Es una interpretación muy peculiar de las leyes, por decirlo con sutileza. También me cuestionaron por la manera en la que me refiero al «gobierno» y a sus principales líderes. Fue una conversación extensa, en la que participaron cinco oficiales. Pero fue también una oportunidad para mostrar mis ideas sobre Cuba, la crisis que estamos viviendo, el hartazgo popular, el absoluto fracaso del proyecto político que comenzó en 1959 y la necesidad urgente de un cambio radical y profundo.

MHD: Estamos ante un posible escenario de transición democrática en Cuba por la fuerte presión del gobierno de Estados Unidos para forzar al régimen a dejar el poder ¿Crees que los cubanos están listos para liderar esa transición? ¿Qué rol verías que podrías ocupar’¿Qué medidas crees que la sociedad civil debe tomar para poder contribuir al cambio de régimen?

JN: Creo que hay una convicción bastante general de la necesidad y hasta la urgencia del cambio. La realidad que sufre el pueblo cubano es degradante, insostenible y humillante. Es vergonzoso ver a un pueblo hispanoamericano, en pleno siglo XXI, en tal nivel de indigencia y opresión, con presos políticos y constantes violaciones a los Derechos Humanos. No obstante, en la sociedad cubana pesan más de seis décadas no solo de adoctrinamiento ideológico, sino también de ausencia de cultura cívica y democrática. La mayoría del pueblo cubano sabe que es preciso el cambio, pero no existe claridad en los medios y los fines. La dificultad en ponernos de acuerdo entre cubanos es algo que nos ha ocurrido en otros momentos de nuestra historia. Igual existen opositores dentro y fuera de Cuba que podrían lograr mucho, una vez que puedan extender su mensaje a mayores sectores del pueblo cubano. Es difícil aquilatar el momento en el que un pueblo podría o no tomar las riendas de la vida política de un país. Considero que es importante el diálogo de la oposición interna con el exilio, que existe pero la represión y el control del régimen la dificulta. Para rehacer a Cuba precisamos contar con la participación de todos. No estoy seguro del rol que podría ocupar, pero al menos quiero estar al servicio de Cuba y ofrecer lo mejor de mí. Reconstruir el país será una obra titánica, y no solo se trata de la economía. El daño antropológico, como lo nombran Dagoberto Valdés y otros líderes de la oposición, es extenso y profundo, y no es posible rehacer el país sin sanar al hombre, sin restaurar la subjetividad.

MHD: ¿Quieres dejarnos una reflexión y un mensaje de esperanza a todos los cubanos para el próximo período?

JN: Ante todo, no temer al cambio. Nos han inyectado el miedo al cambio durante décadas, y es algo que necesitamos superar. El cambio no solo es inevitable, sino que además es necesario. La vida es sinónimo de movimiento. Lo que no se mueve, perece, y es lo que estamos sufriendo en Cuba. Vivimos en una sociedad agonizante como consecuencia de un modelo político aferrado al pasado, al inmovilismo, con estructuras anacrónicas y caducas, y una mentalidad arcaica y ultraconservadora. El pueblo cubano necesita mirar al futuro con esperanza y confianza. Es preciso confiar en nuestras potencialidades, en la capacidad de sanar y de revertir la etapa más oscura de nuestra historia. Vamos a superar la devastación de más de seis décadas de dictadura para colocar a Cuba nuevamente en el mapa mundial. Podemos construir un país del que sintamos orgullo. Pero para eso es preciso el compromiso y la formación, recuperar la cultura cívica y democrática, rehacer al país desde los valores republicanos, presentes en lo mejor de nuestra tradición de pensamiento, y asumir lo mejor del pasado para cambiar el presente y construir el futuro. Ningún proyecto político inspirado en el marxismo ha sido exitoso. Es tiempo de retomar el camino de la democracia.