Víctor Dueñas (Santa Clara, 1995) es un destacado joven activista y defensor de los derechos humanos cubano, reconocido por su liderazgo generacional y su enfoque estratégico hacia la transición democrática en la isla. Como director de la Fundación NewGeneration, ha concentrado sus esfuerzos en empoderar a los jóvenes líderes cívicos y en documentar las violaciones a las libertades fundamentales bajo el régimen castrista. Su compromiso con la articulación de una oposición cohesionada lo llevó a convertirse en uno de los firmantes clave del histórico Acuerdo de Liberación en Madrid, una hoja de ruta unitaria impulsada por la plataforma Pasos de Cambio que establece los pilares de liberación, estabilización y reconstrucción institucional para el futuro democrático de Cuba. A lo largo de su trayectoria, marcada por la persecución política y el posterior exilio, Dueñas ha consolidado una sólida reputación como un estratega pragmático que promueve la justicia transicional, la memoria histórica y la cooperación internacional como vías fundamentales para el renacimiento de la república cubana. Ha participado activamente en foros internacionales de diálogo político, redes de la sociedad civil y plataformas de juventud democrática, promoviendo siempre una visión crítica y constructiva sobre el futuro regional. Ha sido uno de los ganadores del Concurso de ensayos de Cultura Democrática, la Universidad Católica Argentina y la Red por la Verdad y la libertad con su ensayo “La democracia cansada: propaganda, control y penetración del autoritarismo cubano”. Su línea de investigación y acción se centra especialmente en los mecanismos informales del ejercicio del poder, tales como la cultura, la educación, la propaganda y las narrativas que moldean la conciencia ciudadana. Desde esta perspectiva, analiza fenómenos complejos como la influencia transnacional del régimen cubano, la normalización del autoritarismo y la relativización de los valores democráticos. Bajo la firme convicción de que no existe una democracia real sin ciudadanos formados, instituciones sólidas y condiciones materiales mínimas de dignidad, su labor busca tender puentes efectivos entre la reflexión intelectual, la acción política y la responsabilidad moral.
MHD: Víctor, tu trayectoria está marcada por el liderazgo en la Fundación NewGeneration, colaborador de la Campaña Cuba Decide y por ser uno de los firmantes del histórico Acuerdo por la Libertad en Cuba. Mirando hacia atrás, a los momentos de mayor persecución y posterior exilio, ¿cuál consideras que ha sido el mayor aprendizaje cívico de tu historia en el activismo, y cómo esa experiencia moldea tu enfoque actual para liderar a las nuevas generaciones de cubanos?
VD: Creo que el mayor aprendizaje ha sido poder mirar hacia adelante sin cegarse por el odio y así poder entender las dinámicas de un mundo donde los derechos humanos y la democracia se quedaron en discursos del siglo XX. Pero creo que lo más importante aprendido ha sido no asumir el papel de víctima y comenzar a verme… a vernos como actores de nuestra realidad. Creo que más que moldear o liderar a las nuevas generaciones, son ellas las que nos están enseñando, especialmente con un tipo de lucha que, para nosotros que ya vamos en retirada, nos resulta totalmente nuevo.
MHD: Sostienes firmemente la postura de que Cuba se encuentra a las puertas de una inminente transición democrática. Ante un régimen que históricamente ha demostrado una enorme capacidad de mutación, control social y represión, ¿cuáles son los indicadores reales, tanto internos como geopolíticos, que te hacen asegurar que este es el momento definitivo y que el colapso del modelo totalitario es irreversible?
VD: Mira hay varios elementos, excluyendo a Estados Unidos de la ecuación hay unos elementos internos muy fuertes que señalan que estamos a las puertas del fin de una era. Por ejemplo, hay una ruptura clara generacional, tanto en la sociedad como en las filas de los cuadros de la dirección del país. Hay una generación, nacida posterior al llamado Periodo Especial que nació y creció viendo las carencias que ha provocado el castrismo. Ellos vieron los tiempos de abundancia que la República dejó o esos momentos de auge, no económico, pero sí de los subsidios soviéticos. Esta generacion crecio estando conectada con el mundo, incluso con la familia que vive en el extranjero, a ellos les llegó el instagram, el Tiktok, las redes sociales y ven como un joven en Madrid o Buenos Aires trabajando puede, en cierta forma cubrir ciertas necesidades que ellos mismos no pueden hacer. Por otro lado, la figura de Fidel, «el hombre fuerte”desapareció de la vida pública cubana hace más de una década, y el “relevo” no tiene el antecedente de haber participado en una guerra o haber hecho una revolución y a Raul Castro siempre le ha gustado tener poder en las sombras. Esa nueva generación de familiares directos de los viejos comandantes y generales han crecido viviendo y siendo ellos mismos capitalistas. Otro elemento importante a lo interno es que hoy Cuba se ha destruido totalmente, no solo en su infraestructura que ha desaparecido sino que se corre el riesgo de desaparecer como nación, como identidad. Hoy el cubano vive en una grave crisis debido a las políticas fallidas y eso pasa factura a cualquier gobierno, solo es comparado a los últimos años de la URSS. Por supuesto hay otras realidades en la geopolítica, por ejemplo tenemos a una ausencia de aliados reales al castrismo, y cuando digo aliados me refiero a aquellos que los ayuden más allá del apoyo “moral y político” y por supuesta, ya muchas naciones que hacían negocios con ellos dejaron de hacerlo por cuestiones de impagos y de inseguridad jurídica. Por supuesto, ahí entra en escena los Estados Unidos y esta administración, que sinceramente no lo veo tan decidido a sacar al castrismo como si lo ha estado con venezuela o con Irán pero cualquier “empujón”que les da, lleva al castrismo al precipicio.
MHD: El papel de la comunidad internacional, y específicamente de los Estados Unidos, siempre genera intensos debates dentro de la oposición. Siendo realistas ante el escenario de una quiebra del Estado en la isla, ¿cuál es tu postura exacta respecto al nivel de involucramiento de EE.UU.? ¿Bajo qué condiciones específicas o límites soberanos aceptarías un apoyo de Washington, y cómo evitar que una asistencia externa opaque el protagonismo del pueblo cubano en su propia liberación?
VD: Es un hecho que los Estados Unidos son los únicos aliados que hoy tenemos, porque por primera en la historia hay un loco sentado en la Casa Blanca decidido a hacer algo contra los regímenes de la región, más allá de “estar preocupados por los derechos humanos’ Yo por responder a esa pregunta me remito a la propia historia nacional, en 1969 luego de la Asamble Constituyente de Guáimaro, en pleno inicio de la guerra de la Independencia, una de las primera diligencias que el Sr. Carlos Manuel de Cespedes hace en calidad de Presidente de la república de Cuba en Armas es entrar en contacto con los Estados Unidos para pedir apoyo, eso fracasa, luego a finales de los años 90 del siglo XIX, los líderes de la guerra de independencia, entre ellos el Mayor General Maximo Gomez, líder de las fuerzas mambisas del Ejército Libertador, por mediación del señor Don Tomas Estrada Pama, líder del Partido Revolucionario Cubano, luego de la muerte de Jose Marti, entra en contacto con el presidente William McKinley, apelando a la Doctrina Monroe para que los Estados Unidos lograron intervenir en Cuba en apoyo a las fuerzas cubanas. Dicho esto, yo soy un fiel defensor de esta doctrina, entendiendo que las Américas debe de pertenecer al conjunto de todos los pueblos americanos y que nuestra principal fuerza en la región ha de ser los Estados Unidos de América. Además, Cuba tiene una ventaja, tenemos una historia compartida y una nación que se ubica en ambas naciones y estamos hablando de que la mayor fuerza económica para la reconstrucción vendría, tentativamente, de esos cubanos. Por otra parte, yo si creo que, dada la situación actual de la nación y el peligro que se correría durante una transición, sería importante un mayor involucramiento de los Estados Unidos, especialmente de los cubanos que viven allá. Ahora bien, el propio Acuerdo de Liberación es nuestra herramienta frente a Estados Unidos, porque traza las líneas rojas de lo que nosotros no aceptaremos y de que, como debe de verse y darse esa transición si de verdad los estadounidenses quieren contar con nuestro apoyo.
MHD: El «Día Después» del colapso del régimen plantea desafíos colosales: desde la crisis humanitaria y el desabastecimiento, hasta la reforma jurídica. Desde la Fundación NewGeneration, ¿cuáles son tus propuestas prioritarias para las primeras 72 horas de una Cuba libre para garantizar la estabilidad, evitar el caos social y asegurar que las instituciones comiencen a transicionar hacia la democracia sin dejar un vacío de poder?
VD: Nosotros, desde la Fundación NewGeneration, somos firmes defensores del Acuerdo de Liberación y de la plataforma Pasos de Cambios porque entendemos que una transición democrática no puede improvisarse. Uno de los grandes errores que se cometen al hablar sobre el futuro de Cuba es asumir que la caída del régimen, por sí sola, resolverá los problemas del país. La realidad es que el día después requerirá una respuesta organizada, rápida y coordinada para evitar el caos y sentar las bases de la reconstrucción nacional. Las primeras horas deben concentrarse en cuatro prioridades fundamentales.
La primera es la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos y de conciencia. No puede existir una transición democrática mientras permanezcan encarceladas personas por ejercer derechos fundamentales. Esa liberación debe ir acompañada de la derogación de las principales normas represivas y del reconocimiento pleno de las libertades de expresión, asociación, prensa y participación política.
La segunda prioridad es garantizar la continuidad de los servicios esenciales. A diferencia de otros procesos de transición en Europa del Este, Cuba enfrenta un riesgo real de colapso estatal debido al deterioro acumulado de su infraestructura. Hospitales, escuelas, servicios de emergencia, sistemas de distribución de alimentos, agua potable, transporte y generación eléctrica deben mantenerse operativos desde el primer momento. Esto implica preservar aquellas estructuras administrativas que resulten funcionales, mientras se inicia su reforma y profesionalización.
La tercera prioridad es asegurar la estabilidad institucional y la seguridad pública. El Acuerdo de Liberación contempla la necesidad de una fase de estabilización que evite vacíos de poder. Las fuerzas armadas, la policía y demás instituciones de seguridad deberán quedar bajo control de una autoridad transicional legítima, con mandatos claros y supervisión adecuada. El objetivo no es la venganza ni la destrucción de las instituciones, sino su transformación para que dejen de servir a un partido y comiencen a servir a la nación.
La cuarta prioridad es la apertura inmediata de un amplio esfuerzo humanitario y de reconstrucción. Cuba necesitará asistencia internacional urgente para atender la crisis alimentaria, energética, sanitaria y de infraestructura. Será necesario facilitar la entrada de ayuda humanitaria, activar mecanismos de cooperación con gobiernos democráticos y organismos internacionales, y al mismo tiempo liberar las fuerzas productivas del país mediante medidas económicas de emergencia que permitan a los ciudadanos emprender, producir e invertir sin las restricciones que han paralizado a la nación durante décadas.
El Acuerdo de Liberación ofrece precisamente una hoja de ruta para este proceso. Su valor radica en que no se limita a denunciar los abusos del régimen, sino que propone una secuencia clara de Liberación, Estabilización y Reconstrucción, y posteriormente Democratización. La meta no es simplemente poner fin a una dictadura, sino construir las condiciones para que Cuba vuelva a ser una república democrática, próspera y gobernada por el Estado de derecho.
MHD: Una de las fracturas más dolorosas que dejará el castrismo es la polarización social y el tejido civil destruido. Como firmante del Acuerdo por la Libertad, ¿cuál es tu visión sobre la justicia transicional? ¿Cómo se logra un equilibrio entre la exigencia de justicia y rendición de cuentas para los altos represores del régimen, y la necesidad de una reconciliación nacional que permita reconstruir el país de manera pacífica?
VD: Naciones que han vivido procesos similares y no han adoptado un proceso de justicia ha traído como consecuencia que décadas después esas heridas se abran o se instrumentalizan. Es lógico que en los primeros meses eso no sea fácil ni siquiera puede llevarse a cabo sin generar cierto tipo de enfrentamiento, además los tribunales deben de instruirse de formas claras y con mandatos bien claros, la documentación debe recopilarse etc. Pero definitivamente, como nación debemos de enfrentarnos a un momento como este, debemos enfrentarnos a nuestra historia y a nuestra cultura. De hecho una de mis propuestas es que el país debe abrir museos sobre la memoria histórica, debe de incluir ese periodo en los libros de historia, debe de hablarse en las escuelas, incluso se debe de establecer un día de recuerdo a las víctimas de ese régimen. No basta con llevar a la gente ante la justicia sin aprender de ese pasado. Creo que eso nos va a ayudar a reencontrarnos con nosotros mismos y a perdonarnos como nación.