Hace mucho tiempo que vivir en el Vedado dejó de sentirse como un privilegio. Sobretodo en el momento exacto en el que no hay ninguna diferencia con el resto de La Habana en el sistema intenso de apagones.

Hace mucho tiempo -alrededor de un año- que Beatriz Pérez abandonó su plaza como maestra del conservatorio de música. Las carencias en casa, sumadas al salario insuficiente y a problemas críticos del transporte, la arrastraron a esta penosa decisión.

Son tres mujeres en casa, en las inmediaciones de Línea y Paseo, y solo dos de ellas se pueden valer laboralmente.

Beatriz, la más joven del hogar, ha tenido que emprender desde el año pasado búsquedas incesantes de trabajo. Mipymes, hostales, cafeterías, han sido algunas de las opciones. Algo que ofrezca un pago diario; algo que permita sortear el hambre y la necesidad.

Una de las tres mujeres en casa está postrada. No puede cocinar, no puede bañarse, no puede caminar. Por cuestiones relacionadas a su enfermedad, tiene una estricta dieta alimentaria, que por supuesto, la canasta básica no cubre y al gobierno no le interesa. 

Cada día se hace más difícil para Beatriz y para su madre resolver los medicamentos necesarios, y llenar un refrigerador con los insumos que la abuela solicita.

Desde enero de 2026, la crisis es aún mayor.

Tras la pésima gestión del gobierno cubano, y la paralización total del país por la carencia de combustible, los largos apagones llegaron al Vedado para quedarse. Cada postura de pollo que entra al freezer corre el riesgo de descomponerse. Cada cura debe hacerse en total oscuridad. Cada vez hay que bañarse menos, y con menos agua, pues las desconexiones eléctricas impiden el fluir del agua desde la cisterna hasta la casa.

Beatriz se había planteado muy pocas veces participar en protestas ciudadanas, entiéndase cacerolazos o quemas de basura. No porque estuviera a favor del gobierno, sino porque no cabía en su cabeza permitirse una detención y dejar a su madre sola, a su abuela sola. Pero esta vez todo ha ido demasiado lejos. Por eso, las últimas veces que su zona del Vedado ha mostrado su descontento a través de estas formas, ella se ha sumado. A veces hay gritos de libertad, a veces solo se pide que reestablezcan el fluido eléctrico, sin embargo, la actitud es la misma: manifestarse pacíficamente y caminar en pos de los derechos populares.

Conversamos con Beatriz Pérez, profesora de música de 31 años, residente en el Vedado.

¿Qué es para ti lo más significativo de la situación actual de Cuba?

Me parece estar viendo una crisis sin par en todos mis 30 años. Si bien en el pasado hemos atravesado momentos quizás igual de duros -entiéndase período especial y otros momentos posteriores- el paradigma de este año es diferente. El año 2026 marcó un precedente singular, a partir de la operación militar de Estados Unidos en Venezuela, la extracción y detención de Nicolás Maduro en particular. También este año de nos hace diferente para Cuba ya que hay un acento particular en la intención de los Estados Unidos de lograr o facilitar un cambio en Cuba. Se ha hecho público a este punto que existen negociaciones entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, negociaciones bajo presión o lo que sea, cosa que nunca antes había calado tanto. Todas estas circunstancias nuevas han hecho que de cierto modo la crisis social que estamos experimentando tenga un carácter esperanzador, o al menos que el pueblo cubano tenga una expectativa mayor de un cambio efectivo.

 A nivel personal, ¿cómo has vivido esta crisis?

Imagínate, mi caso no ha sido diferente al de ningún otro. La crisis de combustible, la crisis de los apagones, la ausencia del transporte, la subida de los precios de todo, específicamente de la comida, me han golpeado como a cualquier otro ciudadano. En mi casa somos tres mujeres, una de ellas, mi abuela, postrada. Cada vez se nos hace más difícil todo, más insostenible. El cansancio se convierte en hastío, en desesperación y en tristeza.

¿Has estado presente en cacerolazos? ¿Cómo lo has vivido?

Sí, he estado presente. De hecho, a estas alturas del campeonato, como decimos, ya debe quedar muy poca gente que no haya estado en un cacerolazo o al menos lo haya presenciado. Yo vivo en el Vedado, que por mucho tiempo se consideró un lugar tranquilo, un lugar que jamás protestaría. Pero ese mito hace tiempo cayó. Cayó desde el momento exacto en el que el Vedado comenzó a experimentar la misma crisis que el resto de La Habana y del país.

A mí los cacerolazos me parecen una forma de protesta maravillosa. Tiene características peculiares, que lo hacen único. 

Primero, un cacerolazo es masivo, es popular y unánime. Involucra a todo el pueblo. 

Segundo, un cacerolazo es una forma de protesta bastante prudente, es decir, cuida el anonimato, cuida a sus participantes de la represión. Sabemos que no es absoluto, por supuesto que lo sabemos, tenemos presos por manifestaciones en cacerolazos. Pero el saldo de detenidos en cacerolazos sigue siendo menor al de cualquier protesta pública frontal, ya que la oscuridad de la noche, la oscuridad del apagón, permite cierto anonimato y cierta huida. 

Tercero, el cacerolazo tiene otra característica que me parece única. Mientras que en otras formad de manifestación son casi siempre los jóvenes los que toman parte, el cacerolazo es algo de barrio, de toda la gente de barrio, y nuestras madres y abuelas también toman parte. Quizás se sienten más protegidas, quizás se sienten más respaldadas. Pero me parece hermoso que todos los grupos etáreos encuentren una forma de evacuar todo el hastío que sienten.

Cuba, Estados Unidos. ¿Cómo ves esta relación con respecto a la solución de esta crisis?

Que nosotros tengamos que depender de un gobierno externo y sus decisiones nos pone en una incertidumbre importante. Pero hay algo que está muy claro, la situación y el contexto de Cuba nada tiene que ver con Venezuela ni mucho menos con Irán. En el propio discurso de la administración Trump se ha dejado claro, y en dicho discurso, a lo largo de estos meses, ha habido cambios también. Por momentos la mirada de Estados Unidos ha sido mucho más radical e incisivo en lo político, y por momentos ha estado más volcado en reformas económicas. Con Cuba se están teniendo otros procesos y otras velocidades, desde Estados Unidos, para lidiar con un cambio de régimen.

Lo que más yo quisiera, si bien la intervención militar no es para mí una opción, es que esa política logre influir finalmente en un cambio decisivo en Cuba. 

Y hay algo aquí que yo no había visto, hasta que conversé con un amigo. El pueblo de Cuba necesita que todas sus voces sean representadas, y en este caso, si el gobierno de Estados Unidos va a promocionar esto, si en alguna medida no solo la derecha opositora cubana, sino también la izquierda opositora, pudieran entrar en un escenario político, tener una silla en la mesa, pues entonces estaré eternamente agradecida.