Yoandi Izquierdo (Pinar del RÍo, 1987) es Licenciado en Microbiología por la Universidad de La Habana (2011), Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (2015), Máster en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho, de la Universidad Francisco de Vitoria (2019), y Doctor en Humanidades con Mención Internacional del Programa de Historia, Filosofía y Estética en la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España (2025). Su trayectoria está indisolublemente ligada al Centro de Estudios Convivencia (CEC) —un think tank y espacio de resistencia cultural fundado en 2007 en Pinar del Río—, donde ha volcado su vocación hacia la pedagogía cívica y la prospección estratégica para el futuro democrático de Cuba. Izquierdo ha centrado sus investigaciones en la educación ética como la herramienta indispensable para sanar la profunda crisis de valores provocada por décadas de paternalismo estatal y adoctrinamiento totalitario. Como miembro fundador y organizador del «Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba», ha coordinado el diseño de políticas públicas plurales e inclusivas junto a centenares de cubanos de la Isla y de la Diáspora. Defensor firme de los principios de subsidiariedad, justicia transicional y reconciliación nacional, su enfoque rechaza tanto el revanchismo como la amnesia colectiva, apostando por una transformación endógena donde el lenguaje, la verdad y la participación ciudadana devuelvan la soberanía y la dignidad al pueblo cubano.
MHD: Yoandi, el Centro de Estudios Convivencia (CEC) ha sido, durante años, una escuela de ciudadanía y un faro de pensamiento sistemático en medio de la asfixia totalitaria. Su enfoque se ha centrado en formar al ciudadano ‘aquí y ahora’ para que sea capaz de autogestionar su libertad. Mirando tu trayectoria como joven que ha crecido en este espacio de resistencia intelectual, ¿cómo valoras el impacto de la pedagogía cívica y los talleres de formación en una sociedad civil tan dañada por el paternalismo de Estado? ¿Cómo se logra sembrar la responsabilidad democrática en los cubanos cuando el entorno empuja a la apatía o a la supervivencia material?
YI: El Proyecto Convivencia surgió en 2007 como un espacio plural para la ciudadanía y la sociedad civil en Cuba. De inspiración cristiana, aunque no confesional, su campo de actuación ha estado centrado en la educación ética y cívica y en el ejercicio de prospección estratégica para el futuro de Cuba. En este futuro que debemos preparar entre todos los cubanos, los de la Isla y los de la Diáspora la educación jugará, definitivamente, un rol esencial. El tema de la educación ética y cívica y la formación ciudadana es un tema que he venido estudiando desde mi primera investigación sociológica en 2015 para obtener el título de Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir. En ella abordaba el papel de la educación ética y cívica como una solución a la crisis de valores en la sociedad cubana, presentando un proyecto educativo integral que tenga en cuenta una comunidad educativa conformada por el educando, la familia y la escuela y respetando la diferenciación de roles de cada uno de estos tres componentes de la triada. En ese nuevo proyecto educativo para Cuba, el educador debe dejar de ser el centro de la actividad académica para convertirse en un verdadero facilitador del proceso de enseñanza-aprendizaje. En el trabajo conjunto de las familias y las instituciones educativas radica la clave para lograr la sanación de la persona hasta alcanzar una educación verdaderamente integradora; en la que intervenga no solamente la formación intelectual, es decir, los conocimientos, sino que también comprenda la formación en cuanto a las emociones y los sentimientos, la voluntad y la espiritualidad. La propuesta que viene a hacer el Centro de Estudios Convivencia (CEC) se basa en una formación personalizada y una educación integral acorde con los conocimientos, las destrezas y los valores humanos en todos los ámbitos de la vida; ya sea en el plano personal, familiar, profesional y social.
Los fallos estructurales de los sistemas de educación como los que padece el sistema cubano se deben, entre otros factores, a la prioridad de la instrucción pública por encima de la educación ética y cívica; así como la consideración durante décadas de que los valores morales pertenecían a un sistema político o moral superior o pequeño burgués. Al cabo del tiempo, y con el paso de varias generaciones, hemos visto la crisis profunda de valores y virtudes y el reconocimiento por parte de las autoridades, de la familia y de la sociedad de esa falla en el sistema educacional tanto escolar como familiar.
En este tipo de sociedades, dañadas por el control totalitario, que ha atacado la dignidad de la persona humana, la educación queda relegada a planos inferiores porque a través de ella le son otorgadas a las personas las herramientas para pensar, hablar y vivir en libertad. Es por eso que desde el CEC entendemos la educación no solo como un proceso de instrucción, sino como un ejercicio de ciudadanía. Su impacto es decisivo en el desarrollo de competencias necesarias para captar o percibir los problemas sociales como problemas propios, en la toma de decisiones, en la propuesta de soluciones viables y en el ejercicio de deberes y derechos ciudadanos.
Considero que el impacto de la educación es vital para dar el salto, para transitar hacia una sociedad donde la educación es un proceso global que incide en la cultura, la moral y la ética, y se relaciona con la ciencia, el arte, la política, las tecnologías y todo lo que tiene que ver con la esencia humana.
¿Cómo se logra sembrar la responsabilidad democrática en los cubanos cuando el entorno empuja a la apatía o a la supervivencia material?
El ejercicio de la libertad en una sociedad que padece del paternalismo de Estado parece difícil cuando justamente el día a día se convierte en una lucha por la supervivencia. Es como si la maquiladora estatal prefiriese tener entretenidos a sus ciudadanos en la búsqueda del pan de cada día, en las inventivas para superar los largos apagones, en encontrarle sentido a la vida aquí y ahora, para que no quede tiempo de pensar en derechos y libertades fundamentales. Y eso, aunque parezca contradictorio, suele suceder: se sufren las consecuencias y muchos aún no logran identificar claramente los responsables o les justifican.
La cultura democrática es un modo de vida que el cubano, a veces hastiado de lo que huela a política, debe ir incorporando poco a poco. No nos enseñaron a elegir, no nos entrenaron en la pluralidad de opciones, no conocimos elecciones libres y totalmente democráticas; entonces es ahí donde está el mayor reto: propiciar la educación ciudadana para formar a personas que se interesen por la “cosa pública”. Es ahí donde ha tendido su nicho de acción el CEC, a través de sus Cursos de formación ética y cívica y su libro de texto publicado en 2014; del Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba que ya ha producido 20 Informes sobre sectores estratégicos para el futuro nacional y de su revista Convivencia que durante 19 años fomenta el debate público y la responsabilidad social.
El CEC considera que, precisamente, la educación ciudadana debe ser conectada con la necesidad de contar con un sustrato de cultura cívica y política capaz de dar sustento a la estabilidad de un sistema democrático. Es decir, son dos variables directamente proporcionales, en la medida que una aumenta, aumenta también la otra. La cultura cívica y política, como conjunto de valores y actitudes orientadores del ciudadano en el camino hacia la democracia, nos convertirá de observadores en componentes activos del largo camino hacia la verdadera libertad.
MHD: Una de las mayores y más valiosas contribuciones del CEC ha sido la redacción de propuestas concretas de políticas públicas para la Cuba del futuro (en economía, educación, marco constitucional, entre otros), pensadas por cubanos de adentro y de la diáspora. Desde tu perspectiva como analista y diseñador de estos marcos, ¿cómo visualizas la viabilidad de implementar estas propuestas en un escenario de apertura? ¿De qué manera el principio de subsidiariedad —pilar de la Doctrina Social de la Iglesia que el CEC abraza— debe guiar la transición para que las soluciones nazcan de la comunidad y los cuerpos intermedios, y no de un nuevo Estado centralista?
YI: En el año 2015 el CEC comenzaba lo que decididimos llamar: “Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba”. Algunos nos llamaron utópicos por aquello de pensar el futuro y diseñar políticas públicas con la esperanza de que un día puedan ser debatidas y aplicadas o puestas sobre la mesa para mejorarlas, perfeccionarlas, modificarlas. Hoy, 11 años después, hemos producido 20 informes con la participación de más de 900 cubanos, de la Isla y de la Diáspora que pueden ser consultados online.
Tengo la dicha de haber participado en la fundación de estos encuentros y ser parte del comité organizador durante todos estos años. Ha sido una experiencia única en la que nos hemos sentido como en el Parlamento que soñamos para Cuba: plural, inclusivo, propositivo, respetuoso y, sobre todo, más allá de que cada uno pueda representar una tendencia política, ubicando “la Patria dentro”, como decía José Manuel Cortina durante la Asamblea Constituyente de 1940.
La implementación de este Catálogo de políticas públicas, pensado para la reconstrucción de Cuba y visionado para que la dignidad de la persona humana sea el eje central de todas las propuestas dependerá de la voluntad de los políticos que asuman el poder una vez que tenga lugar la transición en Cuba.
El CEC ha adelantado el camino, es una especie de hoja de ruta por sectores y temáticas cruciales que podría estar sobre la mesa de negociaciones junto a otras propuestas de otros grupos de la sociedad civil. Como decíamos hace varios años en Convivencia: “no importa por dónde comience a armarse el rompecabezas nacional, lo importante es que todas las piezas estén sobre la mesa”. Es decir, contar con el trabajo de todos los grupos independientes durante los últimos años, encontrar puntos en común y, fundamentalmente, ver la viabilidad de acuerdo a la realidad que vive Cuba en todos los sectores de la vida nacional. En resumen, la viabilidad e implementación de nuestras propuestas dependerá de la voluntad política de quienes asuman los destinos de la Nación. Lo importante es que, después de estos 11 años de trabajo del think tank de Convivencia, no se puede decir que no existen propuestas para la reconstrucción de Cuba, pensadas entre cubanos, y desde hace varios años, sin ningún interés partidista, ni sesgos políticos excluyentes.
Todas estas propuestas, que son el fruto del trabajo de años y de cientos de personas que siguen pensando Cuba, a pesar de los pesares, ponen de manifiesto el principio de subsidiariedad. Cada uno de los participantes en los encuentros y en la redacción de los Informes de Estudios ha podido emitir su criterio como si se tratara del mayor ejercicio de democracia participativa. Asimismo creemos que debe ser el futuro de Cuba, una toma de decisiones consensuada con la ciudadanía, una gestión pública pensada para la ciudadanía y una diferenciación de roles bien marcados, donde el ciudadano tenga plena participación social y se aplique la fórmula de: “toda la sociedad civil posible, solo el Estado que sea necesario”. Así evitaríamos la burocracia y desterraríamos del alma nacional todos los males que la han deformado. Comienza en el punto en que cada ciudadano se sienta libre y responsable de elegir, proponer y diseñar su vida en un sistema donde la Política en mayúsculas, ya no es un “lobo para el hombre”.
MHD: En los laboratorios de política internacional y diplomacia en Washington se analiza con fuerza la posibilidad de una transición vertical pactada entre la administración estadounidense y sectores de la nomenclatura o la cúpula militar de GAESA, priorizando la estabilidad regional sobre la justicia profunda. Dada la tradición civilista del CEC, ¿cuál es tu postura ante este eventual tablero? ¿Crees que un pacto de esta naturaleza es una vía pragmática para evitar la violencia, o consideras que cualquier transición que excluya el debate ciudadano amplio y la soberanía del pueblo nacerá con un vicio de ilegitimidad institucional?
YI: Toda transición o todo intento de transición que no tenga en cuenta a los actores de la sociedad civil cubana será, una vez más, una exclusión flagrante, venga de donde venga. Sería legitimar lo que el gobierno cubano ha esgrimido muchas veces para desacreditar el trabajo independiente dentro de la Isla: “Cuba no tiene ni capital político, ni sociedad civil, ni oposición organizada”. Una cosa es estabilidad regional, necesaria, importante, urgente, y otra es el proceso de justicia transicional donde no se puede obviar al ciudadano dañado y a todos los que esperamos que la transición sea un proceso integral y no un pacto económico. Los efectos de la transición debemos notarlos todos; si bien tienen que existir actores, protagonistas, mediadores, el fin último es pasar de “condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas”. Y eso significa ir más allá de una decisión vertical, una conversación que concluye con acuerdos, o un ejercicio bajo la técnica de mínimos consensuados. La transición hacia la democracia es un largo proceso pero que, si es bien pensado, y sigue un plan sólido, sin improvisaciones, una vez que echa a andar, solo puede conducir al cambio que Cuba y los cubanos necesitamos.
MHD: Como joven pensador de la sociedad civil interna, afirmas que el cambio en Cuba debe ser, ante todo, una obra endógena, nacida de los propios cubanos. Sin embargo, el peso geopolítico de los Estados Unidos es innegable. Pensando en el accionar estratégico que apoyarías por parte de la Casa Blanca y la comunidad democrática internacional, ¿cuál debería ser su papel en esta fase crítica? ¿Deberían enfocarse en una política de asfixia multilateral al aparato militar represivo, o verías con buenos ojos que apoyaran puentes de mediación internacional donde la sociedad civil tenga una representación vinculante y con garantías?
YI: Tanto Estados Unidos como la comunidad internacional deberían asumir el rol de apoyo respetuoso de ese proceso de transición endógeno, que sería lo ideal. Pero visto cómo ha sucedido todo en Cuba, fundamentalmente después de la pandemia del Coronavirus y las históricas manifestaciones del 11 de julio de 2021, la cerrazón ha provocado que sea la presión internacional una de las herramientas para conducir al gobierno a negociar una salida a esta crisis sobre crisis que demuestra lo que todos, incluso el propio gobierno, sabe hace mucho tiempo: se trata de un problema del modelo que no funciona.
El escenario más conveniente, ese que la mayoría queremos, sería justamente el de la transición pacífica, gradual y ordenada; pero la realidad cubana nos deja varias salidas posibles. En Convivencia hemos venido realizando sistemáticos análisis de la realidad y trabajamos siempre por escenarios. Desde las protestas del 11J analizábamos cuatro posibilidades que identificamos con un simple vocablo o una expresión corta. La preferente ya la he mencionado: transición pacífica. Las demás: 1. Escenario “Volcán” (refiriéndose a otra explosión social como el 11J, que no ha tenido lugar con la masividad de 2021, pero sí han sido recurrentes en distintas zonas del país en los últimos tiempos. El saldo ha sido más represión, largas condenas, y las demandas de las protestas no son resueltas). 2. Escenario “Fractura de la cúpula” (refiriéndose a las pugnas internas en la cúpula del poder, dividido en facciones y demostrada esa división con las operaciones de GAESA, la toma de decisiones, el poder real, las negociaciones “secretas”, la ambigüedad y a veces contradicción entre unos y otros gobernantes. Este escenario es concomitante con el anterior, pero tampoco ha dado al traste con la situación que sufre el pueblo cubano. La cúpula se fracciona, pero hasta hoy no cae). 3. Escenario “avión” (refiriéndose a la salida de la cúpula del poder, estilo Siria. Es quizá un escenario poco probable por decisión propia, pero sí posible bajo presión). Si bien no tiene que ser una de estas variantes por sí sola, puede tener lugar la combinación de varias de ellas. El caso es que, con la ayuda de la presión internacional, pero con el protagonismo de los cubanos, debemos asumir el cambio como un proceso desde dentro y no desde arriba, no como la dinámica del ordeno y mando de la que, desgraciadamente, bastante sabemos los cubanos.
MHD: Tú has vivido la intolerancia del régimen que etiqueta al que disiente como un enemigo. Ante un inminente proceso de Justicia Transicional (Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición), ¿cómo diseñar una arquitectura que no caiga ni en el revanchismo ciego ni en la amnesia colectiva del ‘borrón y cuenta nueva’? ¿Cómo se edifica la auténtica ‘amistad social’ en una Cuba profundamente fracturada por el odio político institucionalizado?
YI: En el XII Informe de Estudios del Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba del CEC, 2022 esbozamos una visión para el futuro de Cuba que me gustaría compartir: “Cuba realiza un proceso de transición pacífico, ordenado, ágil y eficaz. Este proceso tendrá como principio, orientación y sentido, la primacía y plena dignidad de toda persona humana, así como la búsqueda del bien común de la sociedad. Ese proceso incluye una hoja de ruta integrada por subprocesos complementarios, sinérgicos e imprescindibles: Memoria Histórica y Verdad; Justicia Transicional, Restaurativa e Integral; y Reconciliación Nacional a mediano y largo plazo. Si faltara uno cualquiera de ellos la transición fracasaría o, en tiempos venideros, se volverían a abrir las heridas cerradas en falso por la ausencia de uno de estos componentes de toda transición verdadera”.
La transición debe ser concebida como un proceso global. Si nos centramos en la dimensión económica estaríamos asistiendo a un parto sabiendo que ya la criatura viene con deformaciones. Hay que contemplar, entre otras, una dimensión cívica que garantice una sociedad civil fuerte y empoderada, y una dimensión ecológica, que conduzca hacia un sano equilibro donde el desarrollo no comprometa el futuro.
Paralelo a la transición debe suceder esa conversión antropológica que necesita el cuerpo de la Nación. También en el mencionado informe presentamos, a modo de pares dialécticos, los problemas a resolver y las posibles soluciones:
- Ante la vida en la mentira: el proceso de Verdad, canon de la justicia transicional.
- Ante la pérdida de la memoria histórica: el mecanismo de esclarecimiento de las violaciones de Derechos Humanos, la creación de escenarios propicios para el diálogo y la construcción de la paz, la generación de espacios plurales de debate social.
- Ante la impunidad: el proceso de Justicia Transicional que gira en torno a cuatro pilares fundamentales: 1. La penalización de los responsables. 2. La búsqueda de la verdad. 3. La reparación de las víctimas; y. 4. La reforma de las instituciones públicas.
- Ante el odio y la venganza: el proceso de educación para la paz, el perdón y la magnanimidad.
- Ante la división o fragmentación de la nación cubana: el proceso de Reconciliación Nacional donde juegan un papel fundamental la educación, las Iglesias y los medios de comunicación social.
- Ante el cambio esencial e irreversible del viejo régimen: el proceso de instauración y consolidación de un Estado de Derecho, una democracia de calidad y una ecología humana; todo ello enrumbado hacia el Desarrollo Humano Integral.
Desterremos el odio, no repitamos los mismos patrones que hemos venido criticando. La justicia tiene mucho que hacer en los sistemas totalitarios. Nosotros reservemos nuestras energías para la amistad cívica y la participación ciudadana.